POLÍTICOS AL DIVAN

Publicado: 3 abril, 2011 en NOCHE Y DÍA

Durante la época electoral,  estamos habituados a lo que se conoce como guerra sucia o propaganda negra, la utilización del sarcasmo por personas negadas a su construcción y un rebusque en la intimidad del contendor. Pero esta normalización de procacidad en los meses de campaña, repercute en la población expectante, alterándola y es donde comenzamos a ver a todos los candidatos como una especie de actores haciendo su peor rol (sea por su incapacidad o influenciados por las diatribas) y en algunos casos la mutación de un hombre común a Mesías.

Hieronymus_BoschLA NAVE DE LOS LOCOS de Bosch

Entre las ideas tamiz, para elegir a un aspirante, muchas veces se ha mencionado que los que pretenden un cargo público deberían ir a un psicólogo, obviamente para éstos, no se trata de una buena intención sino un ataque sinónimo de ofensa. No obstante, esta idea contiene una gran verdad; los políticos deberían considerar  una pre y post ayuda psicológica, porque así sean neófitos o de trayectoria, son seres humanos que ingresan a una situación sui generis, considerando que  su objetivo es el PODER. Si pierden, como se dará en la mayoría de casos, será un evento frustrante, si ganan y no está a la altura de sus nuevas responsabilidades se convierten en una bomba de tiempo que resultaría autodestructiva.

Haciendo una síntesis, desde la primera presentación de un postulante hasta el día de la elección, vemos paulatinamente como su sentido común suele obnubilarse por la vanidad, hecho en parte normal, pues se convierte en el centro de atracción añadiendo a esto la multiplicación de su nombre y rostro. Si el candidato no tiene  la suficiente fuerza  emocional, al inicio comenzará a tener reacciones abruptas y somatizaciones producto del estrés. Ya que este candidato centra sus esperanzas en un fin, invirtiendo tiempo y parte de su patrimonio, además que a su círculo de confianza ingresarán los famosos advenedizos que viven de esa esperanza, provocando aun más la distorsión de la realidad y que lo único que hacen es crear falsas expectativas.

Cumplido el plazo, por simple lógica primara la frustración de los candidatos; al perder la elección retornaran a la cotidianeidad, pues el público que los ovacionaba no era mas que un espejismo interesado en los regalos ofrecidos, los eventuales aliados se esfumaron y que sus deudas se incrementaron, todo ello lo suficientemente grave como para desequilibrar a cualquiera.

Caso contrario, si el postulante tuvo éxito, sabremos realmente quien es, una persona promedio no puede mostrarse tal cual, porque es un anónimo que fácilmente caería en la crítica lapidaria, pero  alguien con poder puede actuar con mas libertad (a mayor poder, mayor revelación de su ser) y esto lo constatamos al finalizar un mandato donde la población generalmente se arrepiente de sus gobernantes elegidos, ensoberbecidos y cínicos. Si ese candidato no tuvo armonía en la trilogía bio-psico-social, con mayor razón necesitará asesoría profesional, porque las decisiones que tome sobre la cosa pública sin importar su ideología, partido o grupo al cual pertenezca,  dependerá exclusivamente de su personalidad.

Por lo anterior, la próxima vez que algún político utilice la evaluación psicológica como arma, deberá ser evaluado por una institución independiente, y no recurrir a persona de su entorno familiar o simpatizante, podremos entonces contar con gobernantes o legisladores de calidad, concluyentemente la evaluación psicológica debería ser un requisito para tal fin.

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