LOS DERECHOS HUMANOS Y ELLACURÍA

Publicado: 5 junio, 2017 en DERECHO
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Conocer la vida de Ellacuría, es encontrar una historia heroica que finaliza trágicamente con el martirio, pero adentrarse a su obra nos bosqueja un contexto que traspasa el tiempo, un hombre muerto por su sinceridad intelectual, por su entereza de mantenerse fiel a lo que cree y por un trabajo que se va entrelazando entre teorías, realidades y cuestionamientos.

Sobre las teorías, es el profesor Senent quien puede explicar mejor la forma como en una mente privilegiada, la de Ellacuría, podía ordenar la constante información que sus sentidos percibían y cómo diseñó una categorización analítica sobre los derechos humanos, que basó en las siguientes diez dimensiones: la necesidad de convivencia social y política (necesidades sociales – biológicas y político-biológicos), la exigencia física antes que moral, el producto histórico, los derechos humanos como aspiraciones naturales que se actualizan históricamente, los mismos entendidos como prescripciones éticas, los derechos humanos como valores que la sociedad va asumiendo como algo incuestionable, los derechos humanos como ideales utópicos que presentan de forma individual o grupal, los derechos humanos como momentos ideológicos de una determinada praxis, derechos humanos otorgados y sancionados por instancias capaces y finalmente, los derechos humanos como convenciones y contratos socio – políticos. Resalta en esta propuesta la necesidad de aterrizar las abstracciones que suelen ser propias de los teóricos a un ámbito más tangible, una realidad donde el hombre primero debe de cubrir sus necesidades básicas; comprobándose que no se puede hablar de derechos humanos sino se dan las condiciones biológicas de la vida social – política, una exigencia física antes que moral.

El autor in situ (Universidad Centroamericana «José Simeón Cañas»)

El autor in situ (Universidad Centroamericana «José Simeón Cañas» – UCA)…

De lo anterior, resalta la figura del filósofo que deja de lado las elucubraciones y se adentra a cuestiones relacionadas a la biología, la sociedad y la política cuando publica sus escritos sobre Derechos Humanos, posiblemente motivado por las realidades que le tocó vivir, como pareciese respondernos en el texto “Historización de los derechos humanos desde los pueblos oprimidos y las mayorías populares”, resaltando lo siguiente: “Se da así necesariamente una lucha por los derechos humanos y, donde no se da la lucha, es que no se ha llegado a un grado de conciencia suficiente, sea porque la vida está casi totalmente anonadada, sea porque se ha logrado adormecer la conciencia con otra cosa que no son los derechos humanos”; Ellacuría nació y creció durante dictaduras en su país natal  y desde 1949 empieza su relación con la que vendría a ser su segunda patria, El Salvador, en medio de la violencia política.

A fines de la década del setenta ocurre el Golpe de Estado, meses después en ese proceso de terror será asesinado Monseñor Romero y Ellacuría, al igual que otros jesuitas e intelectuales, será “desterrado”, como una excepción gracias a su nacionalidad española y protegido por la embajada, para cualquier hombre, esta sería una oportunidad para salvarse, para él, el origen de muchos cuestionamientos. Durante esa etapa de exilio de casi nueve años, se convertirá en un activista y conferenciante internacional que denunciará la situación salvadoreña, país que se desangraba entre el terrorismo de estado y la guerrilla. En 1988 publica “Utopía y profetismo desde América Latina. Un ensayo concreto de sorteriología histórica”, cuyo contenido teológico tienen varios momentos de justicia social viva, propio de la teología de la liberación, de allí podemos citar un análisis breve sobre la injusticia que se apoderaba de América Latina “no puede darse justicia sin libertad, ni libertad sin justicia, aunque, en el orden social y político, haya una prioridad de la justicia sobre la libertad, pues no se puede ser libre injustamente mientras que la justicia , al dar a cada uno lo que le es debido, no solo posibilita la libertad, sino que la moraliza y justifica”, es claramente una alusión a los gobiernos autoritarios que suelen maquillarse de demócratas o que realizan la parafernalia de elecciones, pero las noticias ya hablaban de una represión a niveles mortales, el país que tanto quería , El Salvador, era uno de ellos y por eso Ellacuría adelanto su viaje de retorno (13 de noviembre de 1989), para poder interceder por la paz de una guerra que afectaba a los más débiles, aun sabiendo de lo que le podría pasar.

Del final de Ellacuría hablaría todo el mundo, sucedió tres días después de su llegada en las instalaciones de su querida Universidad Centroamericana (UCA), tuvieron que utilizar balas para silenciarlo, la cobardía de destruir mentes que nos llaman a reaccionar para no convertirnos en simples medios e intentan sacarnos del letargo, ha sido una constante desde tiempos remotos, el caso de Ellacuría no fue distinto, murió acribillado junto con otros valientes en un recinto de estudio. Es así, que un hombre deja un legado, la defensa por la dignidad como clave de los derechos humanos, Senent lo resumiría en su ensayo “La dignidad humana: el horizonte utópico de los sistemas jurídicos inclusivos”, de la siguiente forma: “Las experiencias de la dignidad humana, articuladas social y políticamente abren el proceso de lucha por los derechos humanos, sin embargo siempre es un proceso abierto e inacabado, pues el momento de institucionalización y de positivación en forma de derechos reconocidos a las personas por los poderes públicos  o derechos fundamentales no agota las exigencias de la dignidad humana que constituye su referente utópico…”

Los tiempos actuales han cambiado extraordinariamente el panorama mundial, ya no estamos en tiempos de guerra fría como los que vivió Ellacuría, la ciencia ha tenido avances asombrosos, la apertura de las naciones se ha incrementado e incluso organizaciones internacionales nos señalan que el mundo nunca estuvo mejor económicamente, no obstante, aun discutimos los mismos temas, las brechas sociales se han incrementado, la corrupción de los gobernantes cada vez es más insolente, se expande la cultura del miedo, la pobreza se da en contextos paradójicos y no la sentimos tan ajena gracias a la propia tecnología, la mayoría de potencias han refinado sus formas invasivas y otras sean han vuelto brutales y a diario se percibe como intentan imponernos al mercado como ser supremo;  es por ello que la visión de Ignacio Ellacuría nunca había estado más vigente.

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